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Salió del mar con un vestido rosa palo, largo y con cola... Un vestido de princesa que se ceñía, mojado, a su cuerpo desnudo lleno de branquias. Al verse, entendió que era un obsequio de "la gran dama" del mar. Sin pensarlo dos veces, volvió a meterse en el agua y danzó feliz y fuerte, llena de esperanza dejándose limpiar por cada ola que le atravesaba y fluía en ella.
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