corrí detrás de ti sin conseguir atraparte; rocé tu mano
pero te zafaste como el agua entre las piedras y grité tu nombre pero hiciste
oídos sordos… me quedé ahí, sin planearlo, contemplando tu figura elevarse
delante de mí como se eleva el humo de un cigarro al exhalarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario